ZEZENGORRI
'TORO ROJO'
'TORO ROJO'
En Orozko cuentan que un ladrón vivió en la cueva de Atxulaur, situada en el monte de Itzin. Aquel ladrón, gracias a los robos cometidos durante años, había recogido en el interior de la cueva un montón de oro enorme.
En una que fue a robar a otra tierra, dicen que murió, y nadie sabía dónde había guardado su tesoro.
En cierta ocasión, unos forasteros se dirigieron a la cueva de Atxular con la intención de apoderarse del tesoro, pero cuando se acercaron, un terrible toro rojo que manaba fuego por la boca y por los agujeros de la nariz salió amenazador de la caverna, el espíritu del ladrón.
En la siguiente ocasión, aquellos forasteros fueron a la caverna con los huesos del ladrón muerto, y los dejaron en ella. Entonces sí, entonces pudieron sacar el tesoro del profundo agujero de la caverna, pues el cuerpo del ladrón había alcanzado el reposo eterno.
Javier de Arratiñea, un joven vanidoso, acudió una noche a Urretxu, a pasar un buen rato. En aquella época todas las muchachas de la zona se juntaban en Urretxu para tejer.
Tras divertirse en el pueblo Javier se hizo pasar por cura y dio una castaña cocida a cada una en forma de comunión.
Posteriormente comenzó a decir que se iba a casa y las muchachas no le querían dejar partir diciendo que había cometido un gran pecado y que temían le ocurriera alguna desgracia. Pero Javier era muy vanidoso y partió hacia casa.
De vuelta hacia Tellerietxe, en el bosque de Laioa vio toros mitológicos (zezengorris) que se dirigían hacia él. Asustado, el muchacho echó a correr y llamó a la puerta de Tellerietxe. Pidió un perro y regresó a su camino tentando al perro con una torta de maíz. Entonces se le apareció un toro mitológico de fuego dirigiéndose hacia él por Laica. Pero mientras el perro estuviera a su lado no le daba miedo.
Pero para cuando llegó junto a Lauztiazpikoa, al punto donde se toma la desviación hacia Arratiñea, la torta se le había acabado y el perro dio media vuelta hacia Tellerietxe. Entonces, los toros mitológicos aparecieron de nuevo. Javier corrió como nunca lo había hecho antes y entró al caserío Arratiñea por los pelos.
Esa noche las vacas del caserío Arratiñea no tuvieron tregua. Se oyeron rugidos, ruidos de cuernos y yugos.
JM Barandiaran
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En Bedaio, el hombre del caserío Jazku Goiko, que se dedicaba al pastoreo, se dirigió al monte conocido como Sahatsa del mismo barrio y antes de lo que él pensaba se oscureció y le vino la noche.
Cuando se dirigió hacia su casa, le aparecieron unos toros rojos que empezaron a destrozar todos los árboles o árboles.
El pastor se apretó y llegó a casa con los cabellos muy tiesos de la cabeza. Este hombre de Jazku Goiko se encontraba realmente angustiado y cuando los de su casa le preguntaron qué le pasaba, el pastor les indicó que había visto unos toros rojos que lo destrozaban todo en el monte Sahats. Sus familiares le respondieron que los toros no pueden destrozar los árboles.
Al oír esto, la respuesta del pastor fue: «Mañana iremos a verlo».
Así lo hicieron; al día siguiente fueron al monte Sahatsa y lo encontraron como siempre; el árbol y los árboles en su sitio y ni rastro de los toros. El pastor de Jazku Goiko se quedó realmente sorprendido.
Recibido por Garmendia el 22 de enero de 1992 de Josefa Antonia Agirrezabala Zabala del caserío Bedaio Bitarte de Bedaio
Según cuentan en Amezketa, en una ocasión, la niña del caserío Irabi subió a Aralar en busca de una vaca que tenía en el pasto. Vio una ternera roja, y pensando que era suya, echó a andar tras ella. La agarró por la cola y la siguió hasta que llevó a Marizulo a la cueva. Marizulo era la morada de Mari.
La familia de la pequeña la buscó, pero, no en vano, porque nunca la encontraron. Dicen en el pueblo que en otra ocasión vieron a aquella muchacha con un perro rojo Marizulon a su lado, vigilando la caverna.